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20.12.13

Frase


La mujer y otras voces

No existe mujer que mutile en nosotros la palabra hasta pulverizarla por completo, a pesar del aparente silencio cuyos hilos invisibles parecen envolverla hacia lo ignoto. Porque la mujer es como es y es además un libro cerrado o abierto, pero de una luminosidad fulminante, dispuesto a decirnos y darnos las voces incesantes de aquella otra realidad apenas perceptible y que nos falta.

© Jorge Ampuero

4.12.13

Frases sobre Poesía


Son muchos los autores que han expresado su parecer sobre un tema tan inasible como la poesía. A continuación una breve muestra de las expresiones que considero más acertadas. Buen provecho.

"Hay una única forma de entrar en la poesía, y es estar adentro". Roberto Juarroz.

 - "La poesía es el lenguaje por excelencia, es el arte de decir lo que no puede decirse". Alan Watts.

- "El poeta auténtico escribe para sí, y por ello escribe para todos. El escritor de consumo escribe para un arquetipo, y por eso no escribe para nadie. Porque la poesía no es un discurso sino algo que nos sucede". Guillermo Boido.

- "Yo sé que la poesía es imprescindible, pero no sé para qué". Jean Cocteau.

- "La poesía siempre es lo otro, aquello que todos ignoran hasta que lo descubre un verdadero poeta". Oliverio Girondo.

- "La poesía es el sentimiento que le sobra al corazón y te sale por la mano". Carmen Conde.


- "Muchos van hacia la verdad por los caminos de la poesía; yo llego a la poesía, por los caminos de la verdad". Petrus Jacobus Joubert.

- "No tengo nada que decir, y lo estoy diciendo, y esto es poesía". John Cage. 

- "En el fondo, un poema no es algo que se ve, sino la luz que nos permite ver. Y lo que vemos es la vida". Robert Penn Warren.

- "La poesía se escribe cuando ella quiere". José Hierro.

- "Sigo pensando que es otra cosa la poesía: una forma de amor que sólo existe en silencio, en un pacto secreto entre dos personas, de dos desconocidos casi siempre". José Emilio Pacheco.

- "Erotismo y poesía: el primero es una metáfora de la sexualidad, la segunda una erotización del lenguaje". Octavio Paz.

- "No puede hallarse poesía en ningún lado cuando no se lleva dentro". Joseph Joubert.

- "La corona de la literatura es la poesía, es su fin y el objetivo, es la más sublime actividad de la mente humana, es el logro de la belleza y delicadeza.  El escritor de la prosa sólo puede hacerse a un lado cuando el poeta pasa". William Somerset Maugham.

-"La poesía no tiene temas, sino estados de ánimo". Julia Uceda.  

- "La poesía no tiene tiempo, el que la lee la rescata, la hace presente y luego la regresa a su eternidad". Doménico Cieri Estrada.

- "El hombre sordo a la voz de la poesía es un bárbaro". Johann Wolfgang Goethe.

- "La poesía es una emoción cuando ha encontrado su pensamiento y el pensamiento ha encontrado las palabras". Robert Frost.

- "Todas las cosas tienen su misterio, y la poesía es el misterio que tienen las cosas". Federico García Lorca.

- "La poesía es la revelación de un sentimiento que el poeta cree que es interior y personal y que el lector reconoce como propio". Salvatore Quasimodo.

- "Los poemas nunca se acaban,  solo se abandonan". Paul Valery. 

- "Hay que guardarse de los numerosos libros que contienen versos, ya que son libros de pura magia". Roger Bacon.

- "La poesía no es un arte, ni una rama de arte, es siempre algo más". Joseph Brodsky.

- "La poesía es como el amor, ambos escriben el poema en que me voy convirtiendo". Jorge Ampuero.
 

3.1.12

La Belleza



Habrá quien piense que exagero, pero allá cada cual. Soy tan bella que salgo a la calle enamorada de antemano. Los hombres me contemplan con una especie de atención superlativa y un tanto rencorosa. Las mujeres me examinan, revisan mis facciones, estudian cada gesto mío intentando descifrar la trampa. Pero no hay trampas: que soy bella, horripilantemente bella, y nada más.
Gentil suplicio, este. No veo dónde está la bendición. Hable o calle, estoy perdida. Si digo cualquier cosa, soy escuchada con una impertinente suspicacia a la que no consigo acostumbrarme. Cuando no abro la boca, todos me miran como pensando: sí, pero será tonta. Si algún hombre me habla, lo hace con intereses no precisamente dialécticos. Si me habla una mujer, lo hace para neutralizarme como competidora ofreciéndome su amistad. Cuando ellos no me dirigen la palabra, en su silencio tiembla el reproche de no amarlos. Cuando ellas callan, noto cómo me espían y corren a retocarse el maquillaje. Socorro. Nadie elige su cuerpo ni su nombre. La armonía se ha vengado de mí. También lo bello es cruel, también lo bello.
¿Cuánto mérito mío hay en esta piel de pétalo? ¿Cuánto de recompensa al trabajo bien hecho hay en mis formas de copa de cristal? A veces he pensado en terminar con todo y arrojarme un líquido abrasivo a la cara. Si no lo hago no es por coquetería, sino por miedo al dolor y sobre todo por orgullo. He vivido en el bosque. He huido al extranjero. He pasado unos años en la montaña. Pero siempre, en todas partes, hubo alguien que se enamoró de mí y me odió por ello. Conozco de memoria la manera: primero es un deslumbramiento exagerado, estelar; después una benevolencia boba, como si yo mereciera más de lo que merezco; más tarde esa impaciencia a la que tanto le temo; enseguida una escena de despecho, un ataque de ira y finalmente el daño para ambos.
Por las noches sueño con mundos feos, con escenas de asco, con figuras nauseabundas. Veo amantes de piel sucia y lenguas negras, bestias ansiosas que me abrazan sin juicios y me incluyen en su hedor. Entonces, fugazmente, soy feliz. Atravieso desiertos de arena impura. Nado despreocupada en un río de barro. Pero tarde o temprano un aliento de sol me acaricia la mejilla, y me pongo a parpadear, y mi cuerpo se estira lentamente, y la belleza regresa al dormitorio. Lo primero que hago al levantarme de la cama es mirar, incrédula, mi desnudo en el espejo. A mi lado nunca despierta nadie.
*
Andrés Neuman.
Alumbramiento, Páginas de Espuma; Madrid, 2006.
Blog: http://andresneuman.blogspot.com/

24.3.11

Ego-Literatura



Me gusta posar*

Me gusta posar porque es una señal de exuberante honestidad: quien posa sabe lo que vale y cuanto es lo que quiere aparentar.*
Me gusta posar porque hacerlo es un manifiesto degustable del estilo y el estilo soy yo. La pose es un lenguaje económico: mostrarme en todo mi esplendor sobre los tacones de mi curvilínea naturaleza me ahorra el tener que enumerar mis infinitas beatitudes. Rebatiendo al hedonista Wilde, posar es tan natural para mí, tan innato que no hay necesidad de hacer el más mínimo esfuerzo, y es además, ponerse un precio que no lo paga nadie; una incorpórea deuda corporal. Por eso adoro posar, y porque es preferible hablar bien de uno mismo que mal de los demás. Los dioses me dieron rasgos y gestos excelsos y un rostro y un cuerpo que merecen preservarse para la posteridad. Mis manos habrían hecho las delicias de Durero o Da Vinci y mi nariz las de Ockham; mi porte me emparenta, en su imperioso glamour a una diva hollywodense; y a mi aire de esfinge señorial, le debo un aura de arcano feraz. Posando me inmolo en un martirio, ahogando en el haz de mi autobombo a la cutre envidia que corroe a los simples mortales. Al posero se lo ataca por superficial cuando es su misión, precisamente, rechazar que superficie y profundidad sean antípodas de la persona. La verdadera pose es antagónica al superficial vedetismo infrahumano y a toda perversión sexual. Posar es casi santo según la idolatría y el paganismo católico. Los santos posan, pero yo reposo en mi propio resplandor y fluyo desde mis alturas a un mundo que reclama la vitalidad y el milagro, el aura magna y el paraíso inasible de mi estética.


* Texto sui géneris hallado y extraviado de una web literaria, se desconoce al autor.

22.5.10

Dios Existe


Quiero responder aquí a una interrogante planteada por Agnóstico en algunos comentarios recurrentes sobre el ensayo anterior. Confieso que esta oportunidad me anima a demostrar y compartir mi fe por este espacio nada habitual a esta temática. Siempre he creído que probablemente una de las razones por la que algunas personas no comparten su fe es porque no tienen en verdad una fe que compartir, y no creo que sea mi caso. Por otro lado, sé bien que el tema de la existencia de Dios no solo es debatible, es siempre pertinente. Me decido por esto a responder esta gran interrogante tratando de ser lo más sencillo y diáfano posible, no optando por la retórica de los conocimientos teológicos y doctrinales adquiridos que pueden llegar a ser poco comprensibles muchas veces. Como cristiano que soy, quiero responder mejor en base al testimonio ligado a la experiencia de una búsqueda honesta y constante de la verdad de Dios. No por esto dejo de lado el aporte del conocimiento científico pues qué mejor que usar los mismos métodos que la ciencia moderna nos provee para llegar y demostrar una verdad. A diferencia de algunos místicos, descreo de la incompatibilidad de la ciencia con lo inasible, de la lógica con el argumento ontológico (objetividad-subjetividad), coincidencias a las que llegaron Kant, Tomas de Aquino, entre otros. Además, es válido poder descansar en la capacidad de conciencia que Dios ha puesto en cada individuo para revelarse ante él y opto aquí como cristiano por despertar dicha conciencia.
El tema planteado, prefiero llamarlo así, es en resumidas cuentas, demostrar la existencia de Dios. Analizando la intencionalidad del planteamiento, es pertinente señalar que esto no es otra cosa que una interrogante implícita que frecuentemente nos formulan ateos y agnósticos por lo general, sugiriendo de algún modo que nuestra fe es ciega y que la razón está del lado de ellos. En otras palabras, suelen afirmar que nosotros los creyentes tenemos fe ciega mientras que ellos tienen fe calculada o racional. No concuerdo con esto. Dios nunca nos ha pedido que tengamos una fe ciega y nunca lo hará. Dios es luz. La fe ciega es la que guía a las personas al oscurantismo existencial, al error doctrinal, a las falsas creencias, doctrinas y religiones. Nosotros solemos usar de fe para la mayoría de las decisiones que tomamos en la vida, y deberíamos hacer lo mismo para las decisiones eternas.
Ahora bien, según las directrices de la misma ciencia, todo conocimiento tiene que ser no solo objetivo sino también demostrable. Para no explayarme demasiado, usaré lo que la ciencia conoce como evidencia para probar una verdad ya sea natural, histórica, arqueológica, etc., pero sólo haré uso de la llamada evidencia lógica, la cual despierta, sensibiliza y direcciona a la razón. En resumidas cuentas, esta evidencia tiene cuatro aristas: creación, diseño, arte, orden. Esto se explica mejor deductivamente (método deductivo-axiomático). Ejemplo: Si usted ve una mesa o un mueble de madera a su alrededor, puede entender por simple lógica que detrás de esto existe un carpintero, alguien que lo hizo, un creador. Si usted ve un auto último modelo, puede entender que existe alguien que hizo el diseño. Si usted ve una pieza de arte, puede entender que hay un artista. Si usted ve diez vasos en fila, puede entender que alguien los puso en ese orden. Ahora, ¿cuando usted observa a su alrededor y ve toda la naturaleza existente, qué observa?, usted ve creación, diseño, arte, orden. Si las cosas mencionadas tienen un creador, un diseñador, un artista y un ordenador, ¿por qué no habría de creer que existe un Creador, un Diseñador, un Artista, y un Ordenador Inteligente detrás de todo este universo?. Por evidencia lógica, podemos deducir que para que todo esto exista y funcione, tiene necesariamente que estar estructurado por una existencia inteligente y superior, por un gran diseñador de leyes naturales; no por la nada, el azar, el caos de una gran explosión o por una suma de infinitas coincidencias; sería ilógico y poco razonable pensar así.
La palabra de Dios nos dice en Hebreos 11:3: "Por fe entendemos haber sido constituido el universo por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía". Esta misma palabra nos revela en Romanos 1:19-20: "Porque lo que de Dios se conoce les es manifiesto, pues Dios se lo manifestó. Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa". Dios existe. La gente no tendrá excusa delante de Dios de decir que no había suficiente evidencia de su existencia, porque toda la creación habla del Creador. ¿Cómo sabemos que una casa tiene un constructor? ¡con tan solo ver la casa! la casa misma es la prueba, la evidencia de que existe un constructor. Este universo, en sí mismo, es la evidencia de que Dios existe. Esto es en resumen lo que los teólogos llaman la revelación natural, la cual se deduce por la evidencia más lógica y racional posible; y lo que los científicos llaman evidencia lógica, la cual se deduce por un simple método de deducción racional. Dios usa esta revelación para dar testimonio de su existencia a nuestras conciencias. Nadie puede negar que existe una voz en lo más profundo de nosotros que concuerda con todo esto y que a la vez hay un vacío existencial en todo ser humano que solo puede ser llenado por Dios. Además de esto existe la revelación especial, que es Dios mismo dándose a conocer al hombre a través de su palabra de verdad registrada en la Biblia.
Una pregunta que se le puede hacer a un ateo o a un agnóstico es: ¿Qué evidencia real tiene usted que comprueba que Dios no existe? Ellos no tienen un evidencia valedera, mucho menos una evidencia científca o lógica para respaldar su creencia. Por lo tanto, lo que ellos tienen es fe ciega. Lo que erróneamente nos acusan a nosotros de poseer es precisamente lo que ellos utilizan como base para su destino eterno.
Lo cierto es que Dios no está lejos de nosotros, mucho menos de un(a) valiente para reconocer su condición espiritual y su necesidad de Dios, que decide creerle y buscarle en arrepentimiento y fe y llegar así a experimentar la conversión y salvación y la subsecuente regeneración por el obrar del poder de Dios en su vida, de un obrar para bien, y empezar una nueva vida en El, una vida conforme a su voluntad y propósitos sabiéndose reconocido por su Creador, en comunión con su Espíritu, con la personalidad gloriosa de su amor, con lo trascendente; saberse humilde participe de lo eterno, lo divino y lo infinito.
Hasta aquí mi respuesta al tema planteado por Agnóstico. Ahora, la pregunta es, ¿qué harás tú con Dios? Puede sonar desafiante o no, pero es algo que todos nos tenemos que plantear y replantear alguna vez en la vida. La respuesta obviamente es interior y personal, es algo que traspasa nuestro propio corazón y nuestra temporalidad terrena y cada quien tiene que optar por una decisión. Dios está dispuesto a obrar en nosotros, pero espera una respuesta real de nuestra parte, una búsqueda veraz, una respuesta de fe, un arrepentimiento genuino y consciente. Está en juego nuestro destino eterno, el lugar donde hemos de habitar la eternidad y la eternidad implica demasiado tiempo, debemos asegurarnos de tener la respuesta correcta. Desde aquí, te animo a que optes por la verdad de Dios, por la respuesta correcta. Es preciso recordar que nadie en toda la historia de la humanidad afirmó lo que Jesucristo dijo: "Yo soy el camino, la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí" (Juan14:6). Dios te guíe y te bendiga siempre.

17.5.10

Sobre la imaginación

La imaginación no solo se reduce al simple arte de pensar cosas, porque el hombre no solo piensa lo que cree, también cree lo que piensa. Y porque nada tiene que ver con la mera divagación, afirmamos que la imaginación tampoco es ilusión sino que es algo más que una imagen proyectada por el pensamiento y los esfuerzos de la gimnasia mental. Es siempre algo que me trasciende porque yo no solo soy lo que soy, soy también el otro. La imaginación nos revela además una conciencia de una ausencia, la nostalgia de aquello que todavía no es, una sed por las cosas que no son pero que anhelan ser, la certeza de que algo de la irrealidad debe y puede llenar el vacío de mi realidad y que, al constatar y suplir esta necesidad, la imaginación trasformada en objeto, pasa a ser otro elemento más de nuestra realidad concreta o abstracta, palpable o subjetiva. Así, el hombre es un ser dividido entre lo que es y lo que podría ser, básicamente porque la realidad objetiva no puede satisfacer las aspiraciones del corazón. La conciencia se descubre violentada, resistida, negada por la realidad. No puede reconciliarse con ella. Estamos aquí delante de aquello que nos diferencia de los animales pues el hombre es la única criatura que se niega a ser lo que es. Esto no es otra cosa que la esencia de la humanidad y la raíz de la creatividad y la inventiva que elevó al mundo del hombre por encima del mundo de los ajustes biológicos que caracteriza al mundo animal. Podemos entendemos que a través de la imaginación, el hombre trasciende de la facticidad bruta de la realidad inmediata y afirma que lo que no es debería ser, y lo que todavía no es, debería ser. Mannheim registra este concepto al afirmar que: "Dar nombre a las cosas que están ausentes es romper el hechizo de aquellas que están presentes"1.
Deducimos entonces que la imaginación surge de la insatisfacción del hombre ante la realidad existente y que esta especie de náusea existencial lo conduce a sus múltiples expresiones y a descubrir el objeto que le faltaba en la realidad. Porque el mundo del hombre como ser concreto no es el mundo objetivo de la abstracción científica, sino que es la matriz emocional lo que estructura el mundo en que vivimos, por ello la conciencia no es pura en sí misma. La mente con que imaginamos tampoco lo es, ya que no es una entidad independiente de la materia, como afirma la filosofía cartesiana. No es razón pura, libre y por encima de la interferencia y los compromisos de los componentes vitales y emocionales del sujeto, como creía Kant. La conciencia es una función del cuerpo. Existe para ayudar al cuerpo a resolver el problema de su sobrevivencia, y porque la sobrevivencia es siempre el valor último del hombre, aun cuando éste opte por el suicidio, la conciencia se estructura en torno a una matriz emocional.
La imaginación es además el origen de la creatividad humana. El hombre vive en función del éxito o del fracaso de sus deseos que constituyen su esencia. Empíricamente, o sea de la forma en como experimentamos realmente, los hechos son emocionales, trágicos, sosegados, placenteros, tediosos, perturbadores, etc., pero en ninguna situación la conciencia se conforma solamente con reproducir los hechos, por ello, no se puede negar que la conciencia humana sea motivada por la imaginación. El problema surge cuando intentamos interpretar la función de la imaginación, un querer articular pareceres que nos van a remitir a los ideales epistemológicos que han dominado a la ciencia moderna y a los ideales de la normalidad psíquica que de allí surgen, ideales que tienen que ver sobre todo con el estudio del conocimiento objetivo. Ningún estudiante de ciencia ignora que el conocimiento debe de ser objetivo y la objetividad no es otra cosa que una condición de la conciencia que se disciplina para simplemente reflejar y reproducir los hechos concretos de la realidad. Esto a la larga nos lleva a un conflicto que Freud y otros han tratado de explicar inútilmente, pues el ideal de la conciencia pura, totalmente objetiva es un mito.
Una dimensión fascinante de la ciencia moderna es el papel que la imaginación y la fantasía desempeñaron en muchos de sus grandes descubrimientos y obras. Sea cual sea nuestro diagnóstico, para el hombre lo que importa son los elementos insondables de sus pensamientos y fantasías. No son los hechos concretos los que determinan su manera última de ser, sino los hechos transfigurados por la emoción. El hombre es un soñador aun cuando está despierto. Nuestras fantasías pueblan nuestro pasado, determinan nuestro presente y crean nuestro futuro.
Por otro lado, es válido reconocer que la imaginación nos desnuda las intenciones más íntimas que habitan en los niveles más profundos de la personalidad. Observa Sartre: "El acto de imaginación es un arte mágico. Es un encantamiento destinado a producir el objeto que deseamos, de manera que podamos apropiarnos de él"2. Feuerbach había llegado, mucho antes, a una similar conclusión pero avanzó más al afirmar que "El poder del milagro en el hombre es el poder de la fe, y que esto es nada más ni menos que el poder de la imaginación"3.
Para concluir. De todos los niveles de imaginación que podemos percibir y afirmar, la fe religiosa es el grado más elevado de expresión de la imaginación, su non plus ultra, no solo por su nivel de pensamiento y espiritualidad que supera lo racional, sino porque la imaginación es la forma más inteligente de operación de la conciencia humana y si hablamos de fe, necesariamente tenemos que hablar de imaginación. Es inconcebible hablar de fe y no hablar de una capacidad de imaginar y de potenciar cosas, de sabernos no solo parte de la omnipotencia del pensamiento sino de un pensamiento que potencia una búsqueda y de una búsqueda que termina en fe, por eso la fe es el grito de la prioridad axiológica del corazón sobre los hechos primarios de la realidad, lo que bíblicamente se conoce como "la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve" (Hebreos 11:1). Además la fe religiosa es implícita a la razón, tiene que ver con la razón de la razón y de nuestra sin razón, como algo que tiende a escapar de nosotros mismos.
Bien sabemos que los animales no tienen imaginación, por eso no producen arte, conceptos o valores, tampoco producen fe. Y la auténtica fe religiosa, el cristianismo que tiene que ver necesariamente con esta capacidad de creer y de imaginar como una búsqueda vital de la conciencia, acierta y anula cualquier otra falacia cuando nos descubre y resume entre el hombre que decide creer, ergo, imaginar y humanizarse con Dios y aquél otro que decide no creer ni imaginar y animalizarse sin Dios.


1. Mannheim, Karl: Ideología y Utopía (Río de Janeiro, Editora Globo, 1994, pág.191)
2. Sartre, Jean Paul: The Psychology of Imagination (N.York. Washingto9 Square Press, 1988, pág.159)
3. Fenerbach, Ludwing: La Esencia del Cristianismo (N. York Harper & Row, 1987, pág.130,131)


© Dylan Forrester

29.12.09

Miguel de Unamuno (1864-1936)



Nada mejor para terminar bien este año y empezar mejor el que sigue, que compartirles por este espacio una suerte de flashback literarios de la obra de quien considero el autor más completo, lúcido y polémico de la no menos célebre generación del 98, y uno de mis autores predilectos. Prolífico escritor, poeta, ensayista, dramaturgo, filósofo y pensador español de fuste, cuya producción espero que, con este breviario, se torne más interesante y apetecible para todos. He aquí algunas perlas extraídas de su libro Mi religión y otros ensayos breves que recomiendo, por supuesto.


MADE IN UNAMUNO


"No me prediques la paz, que tengo miedo. La paz es la sumisión y la mentira. Ya conoces mi divisa: primero la verdad que la paz. Antes quiero verdad en guerra que no mentira en paz. Nada más triste que entercarse en vivir de ilusiones a conciencia de que lo son. Al que oigas decir: "Hay que mantener las ilusiones", estímale perdido; pues ¿cómo ha de mantenerlas si las considera ilusorias?. No, amigo, el arte no puede reemplazar a la religión".

*
"Se ha dicho que en España abunda el odio. Tal vez; tal vez empezamos por aborrecernos a nosotros mismos. Hay aquí mucha, muchísima gente, que no se quiere a sí misma. Seguimos el precepto de ama a tu prójimo como a ti mismo, y como, a pesar del inevitable egoísmo, no nos amamos a nosotros, tampoco amamos a los demás. El asceta y el inquisidor se hacen de la misma manera. Y no es que el asceta no sea egoísta, no; puede serlo, y mucho. Pero aun siendo egoísta, no sabe amarse a sí mismo".
*
"El abogado siente una secreta simpatía por el rústico, así como el rústico por el abogado. Los campesinos son pleitistas. La mentalidad del campesino es una mentalidad que rara vez pasa de la comprensión de las cosas abogadescas. Todo aldeano lleva un abogado dentro, así como todo abogado, por muy ciudadano que sea, lleva al rústico. Uno y otro, el rústico y el abogado, son incapaces de verdadera sinceridad y, por consiguiente, de verdadero espíritu científico. El uno paga para que le den la razón, aunque no la tenga, y el otro cobra por darle la razón que no tiene. Y en política lo mismo: la abogacía se apoya en el rusticismo y el rusticismo en la abogacía".
*
"Para votar hay que llenar pliegos de protestas, para hacer bulto, para ir en rebaño por calles o campos, son mayoría los que no leen periódicos y aun los que no saben leer -que muchos de éstos firman los dichosos pliegos-; pero para opinar y promover el progreso del espíritu y el pensamiento público, para esto no, no son más ni son menos; sencillamente no son. Y así estamos viviendo en esta otra mentira, en la mentira de que domine en España una opinión que no es la que verdaderamente domina. Y quien pretenda apoyarse en la supuesta opinión de esa mayoría puramente numérica -iba a decir puramente animal, y no en el mal sentido de la palabra- y en ella funde su derecho a imponerse arrogantemente, ése es el verdadero demagogo(...). Pocas mentiras hay en España, de las innumerables que nos envuelven y paralizan, más mentirosas que la mentira de nuestra democracia, entendida como una oclocracia, una soberanía de las muchedumbres y de las muchedumbres analfabetas. Democracia, donde en la provincia más ilustrada, Alava, llegan casi a la quinta parte, 19,79, los adultos que no saben leer, y en la provincia menos ilustrada, Jaén, pasan con mucho de la mitad, llegando a 65,79, y en España toda son cerca de la mitad de ellos analfabetos. Esto es lo que yo llamo la analfabetocracia".
*
"Ya la otra vez le dije que se anduviese en cuenta con eso de los diarios íntimos, y no me lo entendió usted. Los diarios íntimos son los enemigos de la verdadera intimidad. La matan. Más de uno que se ha dado en llevar su diario íntimo empezó apuntando en él lo que sentía y acabó sintiendo para apuntarlo. Cada mañana se levantaba preocupado con lo que habría de apuntar por la noche en su diario, y no hacía ni decía nada sino para el diario, y en vista de él. Y así acabó por ser el hombre del diario, y éste tuvo poco del diario de un hombre".
*
"Hablando de plata, de lo que nos quejamos no es de que no se nos haga caso, sino de que no se compren nuestros libros. Y un escritor puede muy bien influir mucho -por lo menos en ciertos espíritus- y vender poco, y otro vender mucho e influir poco. Porque si la influencia espiritual hubiera de medirse con ese metro, acaso resultara que la obra que ha influido más en España es la serie que nos cuenta las aventuras de Bertoldo, Bertoldino y Cacaseno".
*
"La hermandad latina no es, en este respecto, como en tantos otros, más que un embuste. No puede llamarse hermandad a la influencia debida a la vecindad, e influencia casi siempre perniciosa. La mezquina y estrecha estética francesa está, en efecto, y ha estado durante mucho tiempo trastornando y estropeando a no pocos de nuestros escritores. Sufrimos el yugo intelectual del pueblo acaso menos simpático, quiero decir -porque el sentido corriente de simpático es otro- del pueblo que menos se compadece con los demás, que menos capaz es de penetrar en el espíritu de los modos de sentir y pensar de otros pueblos, del pueblo que vive más orgullosamente cerrado en sí mismo. No hay mentira mayor que el exotismo de los escritores franceses que se precian de exóticos. En el fondo de su espíritu, todo francés, por culto que sea, cree que Shakespeare o Calderón son unos bárbaros, cuya función social es dar la primera materia para que un Racine cualquiera haga dramas definitivos. Y cuando juzgan a un autor extranjero, su único criterio seguro y fijo es si es más o menos afrancesado, si se parece más o menos a ellos. En esto Zola, el incomprensivo Zola, aquel hombre de cerebro tan estrecho como grande era su ignorancia, fue un modelo(...). Uno de los reproches que más comúnmente nos hacen los franceses es el de que somos declamatorios. A lo cual no cabe responder sino: Bien, ¿y qué? Ya que no les devolvamos la pelota, reprochándolos de fríos o de intelectuales. Porque tal es la falta del espíritu clásico francés, su intelectualismo. Pueblo de grandes geómetras y matemáticos, que en puro arte llegan a falsificar hasta la emoción".
*
"Mas entretanto, añado yo, lo más fácil es que esos escritores que pretenden bajarse hasta la plebe, en vez de esperar que ésta suba hasta ellos, no hacen sino entorpecer y alargar la obra santa de la conversión de la plebe en pueblo, obra en vía de marcha. Hay que apartarse del vulgo, sí, y hay que apartarse de él en beneficio y pro del vulgo mismo. El que alcanzó una cima cualquiera, dede desde ella abrir los brazos y dar voces llamando a los demás a la cima y no bajarse so pretexto de mostrarles el camino, porque lo perderá él mismo y no podrá darles el ánimo que desde arriba les da(...). Todo está muy bien, sin duda; pero hay que hacer notar que las muchedumbres no conocen bien sus propias aflicciones, ni reconocen desde luego al que mejor las refleja. Y ocurre con lamentable frecuencia que prestan sus oídos antes al curandero charlatán que al médico inteligente y conocedor de sus males(...). El pueblo odia la verdad. Y es cierto que la odia cuando la verdad no le es grata. El pueblo quiere que lo adulen, lo diviertan y lo engañen, aunque a la corta o a la larga acabe por despreciar y repulsar a sus aduladores, divertidores y engañadores. Es preciso, lo repito y lo repitiré aún mil veces, luchar por él contra él mismo".
*
"Y estas dos cosas, el desarrollo de la sensualidad sexual y el acorchamiento de la vida del espíritu, van a la par. Son no pocos los literatos que siempre que hablan de libertad no entienden apenas otra cosa que la libertad de usar de las mujeres de cualquier modo, la libertad de la licencia sexual, o eso que se llama el amor libre. Cada vez que el gobierno trata de poner coto a este desenfreno, le reprochan de reaccionario y gazmoño, como si un espíritu profundo y arraigadamente liberal, enamorado del progreso y de la libertad de conciencia, no pudiera ver en ese desenfreno el aliado de la servidumbre(...). La obsesión sexual en un individuo delata más que una mayor vitalidad, una menor espiritualidad. Los hombres mujeriegos son de ordinario de una mentalidad muy baja y libres de inquietudes espirituales. Su inteligencia suele estar en el orden de la inteligencia del carnero, animal fuertemente sexualizado, pero de una estupidez notable(...). Vuelvo a repetirlo, y aún me quedan no pocas repeticiones de ello: el desenfreno de la voluptuosidad embota la inteligencia, y uno de los primeros deberes de un hombre es el de hacerse inteligente. El hombre que se entrega a perseguir mujeres acaba por entontecerse. Las artes de que tiene que valerse son artes de tontería. Y no se me hable de pasión. La pasión es tan digna de respeto, y a la vez no pocas veces de lástima, como es digna de desprecio la sensualidad. Los hombres sensuales rara vez son apasionados. Don Juan Tenorio era un hombre impasible, y no se le conoció una verdadera pasión(...). La pasión contrariada lleva al claustro o al heroísmo; la voluptuosidad ahogada no lleva más que al aburrimiento o a la bestialidad. Y lo que me parece lamentabilísimo y triste es que se cifre en la licencia carnal el sentido de la libertad. Debe, más que a los libertinos, a los puritanos la causa de la libertad religiosa y civil de los pueblos. Mientras aquí en España no haya un buen número de liberales que se acuesten a las diez, no beban más que agua, no jueguen a juegos de azar y no tengan amante, andaremos mal(...). Nadie es de sí mismo, sino de la sociedad que lo ha hecho y para la cual debe vivir, y la sociedad puede y debe estorbar que un hombre se embrutezca y se entontezca. Ese bárbaro prinicipio antisocial de que cada uno puede hacer de su capa un sayo es una de las causas de nuestra decadencia. El hombre es un producto social y la sociedad debe impedir que se pierda para ella. No basta que uno quiera entontecerse; hay que impedírselo".
*
"Y así es; la virtud es una forma de inteligencia, y el vicio o es tontería o es locura(...). Esto está muy bien y mucho mejor habiendo salido de la pluma de Maetzu, que es uno de los que han contribuido más a la boga de que goza en España Nietzsche, ese calumniador jurado del cristianismo. Entre el desgraciado Nietzsche, mal leído y peor comprendido, y el farsante D'Annunzio, con sus paganerías de similor, han ensuciado a no poca de nuestra juventud, que ha buscado apoyo en el primero para sus desaprensiones y en el segundo para sus vicios(...). Las Claudinas de Willy, que se han traducido al castellano, obteniendo un gran éxito, están no corrompiendo en el sentido moral tan solo, sino entonteciendo a nuestro pueblo. El que se recrea en esas escabrosidades es pura y sencillamente un cerebro de ínfimo grado. Y no digo nada de esos librejos que se escriben para los jovencitos de quince años y para los viejos de setenta(...). Nadie me quitará mi fe de que sólo los pueblos morigerados son capaces de llenar un glorioso y noble papel humano en la historia, que sólo ellos pueden llevar a cabo obras de duradera civilización. La lujuría, el juego, la embriaguez, entontecen a los pueblos y acercan al hombre al bruto. Si por cada escuela que se abre no se logra cerrar una casa de juego, una casa de prostitución y una taberna, es que la escuela no sirve".
*
"Decía con mucho sentido Ritschl, que los ataques que se dirigen al cristianismo a nombre de la supuesta ciencia, no brotan de la ciencia, sino de un cierto sentido religioso pagano que se encubre con ella. Es la concepción religiosa pagana, no la concepción científica, la que nos dicta(...). El que uno no crea que haya Dios, ni que el alma sea inmortal, o el que crea que ni hay Dios ni es inmortal el alma -y creer que no la hay no es lo mismo que no creer que la hay-, me parece respetable; pero el que no quiera que los haya me repugna profundamente. Y precisamente a mí, que llevo esa espina en lo más profundo del corazón; a mí, que no puedo resignarme a volver un día a la inconsciencia; a mí, que tengo sed de eternidad, esos aplausos me trillan el corazón. Que un hombre no crea en otra vida, lo comprendo, ya que yo mismo no encuentro prueba alguna de que así sea; pero que se resigne a ello y, sobre todo, que hasta no desee más vida que ésta, eso sí que no lo comprendo(...). Esa falta de idealidad, esa sequedad y pobreza de vida interior, que arguye el no anhelar otra vida trascendente; todo este materialismo práctico, contrista el ánimo de quien medita un poco en el valor de la vida humana. por mi parte, espero muy poco de los pueblos que caen en esto(...). La esencia del ser más que el conato a persistir en el ser mismo, según enseñaba Spinoza, es el esfuerzo por ser más, por serlo todo, es el apetito de infinidad y de eternidad".
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"Suele con mucha razón decirse que cada loco con su tema, y mi tema es el de la espiritualidad, el del estado íntimo de las conciencias de un país, de sus inquietudes supremas, de su situación religiosa, en fin. Con mucha frecuencia, cuando he preguntado a alguno procedente de esos pagos, cómo se siente ahí eso de la religión, me han respondido: Allí nadie se ocupa de semejante cosa; harto tienen con ganar dinero; si miran al cielo, es para ver si va o no a llover. Claro está que no los he creído, porque sé bien que hay gentes que ocultan sus inquietudes íntimas, y sé también que para los más lo religioso, creen, se reduce a las formas concretas, dogmáticas y rituales de esta o de otra confesión constituida en iglesia(...). Y si su preocupación principal, en las clases adineradas, fuera eso que se llama la vida de sociedad, en la que la iglesia está a la par del teatro y no es sino otra forma de éste, si las creencias -a cualquier cosa se le puede llamar creer- y el culto formaran parte de las prescripciones del buen tono y de la llamada buena educación, entonces el país en que suceda está amenazado de muy serios peligros".
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"Y no basta no mentir, como el octavo mandamiento de la ley de Dios nos ordena, sino que es preciso, además, decir la verdad, lo cual no es del todo lo mismo. Pues el progreso de la vida espiritual consiste en pasar de los preceptos negativos a los positivos(...). No basta no matar, es preciso acrecentar y mejorar las vidas ajenas; no basta no fornicar, sino que hay que irradiar pureza de sentimiento; ni basta no hurtar, debiéndose acrecentar y mejorar el bienestar y la fortuna pública y las de los demás; ni tampoco basta no mentir, sino decir la verdad(...). Y he aquí cómo se enlazan la verdad en la vida y la vida en la verdad, y es que aquellos que no se atreven a buscar en la vida lo que dicen profesar como verdades, jamás viven con verdad en la vida. El creyente que se resiste a examinar los fundamentos de su creencia es un hombre que vive en insinceridad y en mentira. El hombre que no quiere pensar en ciertos problemas eternos, es un embustero y nada más que un embustero. Y así suele ir tanto en los individuos como en los pueblos la superficialidad unida a la insinceridad. Pueblo irreligioso, es decir, pueblo en que los problemas religiosos no interesan a casi nadie —sea cual fuere la solución que se les dé—, es pueblo de embusteros y exhibicionistas, donde lo que importa no es ser, sino parecer ser. He aquí cómo entiendo lo de la verdad en la vida y la vida en la verdad".
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"Contra los valores afectivos no valen razones, porque las razones no son nada más que razones, es decir, ni siquiera verdad".
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"En toda sociedad donde la situación económica y el desempleo hacen estragos es importante aprender a respetar a los haraganes, lo son para que otros puedan darse el gusto de trabajar".
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"Hay gentes tan llenas de sentido común, que no les queda el más pequeño rincón para el sentido propio".

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"Obra de modo que merezcas a tu propio juicio y a juicio de los demás la eternidad, que te hagas insustituible, que no merezcas morir".

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"El escritor sólo puede interesar a la humanidad cuando en sus obras se interesa por la humanidad".
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"La vida no es sueño. El más vigoroso tacto espiritual es la necesidad de persistencia en una forma u otra. El anhelo de extenderse en el tiempo y en el espacio".

26.11.09

Poema



A propósito de ti...

A veces me asalta el desvelo por las noches y es como abrir una puerta que puede conducirme a cualquier parte. Entonces suelo disponer mi alma a la escritura en medio de este paréntesis inaudito de tiempo que se torna muchas veces un viaje o naufragio por los vericuetos de lo inesperado. En este mismo espacio por donde han huido el sosiego y el sueño, y la vigilia acampa como espesa hierba entre los párpados, trato de conciliar otros elementos y ciertos laberintos en busca de alguna palabra que le dé un sentido a todo esto.
En medio de estos vaivenes, he de confesar algo de lo inmerso en mí, algo que no es otra cosa que esta debilidad que me remite otra vez hacia ella, hacia esa presencia ineludible que por aquí y a la intemperie eres tú tan duramente amada, porque a pesar de no tener la absoluta certeza de haberte ya encontrado, muchas veces pienso en ti todavía, es decir, te vuelvo a imaginar como quien puebla la noche o los desiertos, como quien prolonga en el delirio, una orilla que reclama mis rayos; y sería bueno saber que piensas también en mí, que no estás más allá sino aquí para que no te vayas nunca y empieces por deshacer ciertos fantasmas y distancias que le deben mucho a la duda y al miedo.
Pulso ahora la cuerda del desencanto dispuesto a bregar contra el acecho de las sombras que suelen auscultar relojes y latidos para poblar la incertidumbre de pétalos marchitos. Me deshago de cualquier otro devaneo glandular y despojo esta soledad de todo peso y ancla que sólo sabe descender por los vacíos, porque después de todo un puente no puede sostenerse de un solo lado y no puedo no dejar de saber que los caminos de Dios son muchas veces más impredecibles que nosotros, pero son siempre más reales y mejores que nosotros. Es entonces cuando retorno al solemne refugio de la fe que me conduce a sondear y palpar lo que la realidad inmediata aún se niega a concebir y, como una profecía, desdibujar todos los grises, atravesar todos los muros para fluir en las alturas de la visión y la esperanza.


Visiones

Sueles ponerte intensa junto al mar
abierta como una flor
para recibir la lluvia
y yo despierto
soñando en esta espera
buscando la palabra
cuyo fuego consuma
las tinieblas y sus huestes
purifique la impudicia de los cuerpos
nos alíe a la marea
que apriete el rumbo
a nuestros tus pasos
rompiendo el silencio
sobre la arena
y las espumas
presagies
un vibrante colibrí
cuyas alas golpean tu ventana.

© Dylan Forrester

9.10.09

Premio Nobel de Literatura 2009



Rompiendo con una larga sequía en el mundo de la poesía y decepcionando a todos aquellos que esperaban el premio para Amos Oz, Vargas Llosa o, en los últimos días, incluso Haruki Murakami; la Academia Sueca otorgó el día de ayer el codiciado Nobel a Herta Müller, duodécima mujer en obtenerlo. Los candidatos propuestos por la SGAE y nombres de peso de la literatura en español eran: Francisco Ayala, Ernesto Sábato y Miguel Delibes.
Müller, de 56 años, es una poeta alemana de origen rumano, cuya obra va más allá de los terribles relatos sobre la dictadura de Ceaucescu, es miembro de la Academia Alemana de Escritura y Poesía y es conocida también por su activismo político y social.
El jurado del Nobel ha expuesto razones como esta para premiarla: "Por la concentración de su poesía, y la objetividad de su prosa que dibujan los paisajes del desamparo".
De nuevo el jurado de la Academia Sueca se desmarca de los grandes grupos de presión y decide actuar de una manera imprevisible y a la vez con un voto político evidente.
El año pasado fue Jean Marie Le Clezio el que se llevó el galardón y Octavio Paz, por su parte, fue el último ganador del Nobel en lengua española en el año 1990.

24.7.09

Benedetti

Me han preguntado muchas veces porque no digo algo sobre Benedetti, este uruguayo célebre y admirable, tan querido y tan llorado por sus fieles lectores. No me atreví hasta ahora a decir unas palabras sobre alguien cuya poesía escapó raudamente de mis manos hace ya algunos años, después de la tediosa degustación de aquella accesible resonancia expresiva tan marcada en la mayoría de sus versos propensos muchas veces a la retórica escueta y al remate urgente y previsible. Poeta cuya voz pude recuperar y trasmutar más tarde con la lectura de su prosa lúcida y entrañable en obras como Montevideanos, La tregua, Gracias por el fuego, La muerte y otras sorpresas, entre otros. 
No dejo de admirar lo vasto de su producción y su amplia variedad de registros que ya desde su nombre original, Mario Orlando Hardy Hamlet Brenno Benedetti Farrugia pronosticaba quizá esta indiscutible tendencia masiva. Símbolo de la llamada “Generación Crítica”, como designó Angel Rama a este grupo rico en su diversidad y en lo prolífico de su producción, que antes de la seducción, cultivó el discurso de la convicción y la revelación. Fue Benedetti una voz que tocó casi todos los géneros. Desde La víspera indeleble, su primer poemario publicado en 1945 y del cual se dice que no vendió ni un solo ejemplar, publicó luego más de ochenta títulos que fueron creciendo en número de ediciones, tiraje y traducciones tanto en poesía, novela, cuento, dramaturgia, ensayo y crítica. Su obra también toca el artículo periodístico y la canción. Unos cuarenta intérpretes de todas partes del mundo han cantado y cantan sus letras y canciones entre los que se encuentran artistas como Joan Manuel Serrat, Daniel Viglietti, Pablo Milanés, Silvio Rodríguez, Joaquín Sabina, Isabel Parra, Soledad Bravo, entre otros.
En relación a la poesía, Benedetti fue emergiendo como un poeta diurno y llano para las masas en épocas donde imperaba el laberinto subterráneo y el desorden en pos de las rupturas y posturas, y le debe mucho de su popularidad al contexto de las naderías tóxicas y los retorcimientos expresivos tan en boga por estos tiempos.
Su poesía es casi laxa, de sencillez sintáctica y de un modo expresivo y estilístico cercano al registro conversacional. Se percibe en ella una especie de obsesión por la diafanidad sonora, una poesía cercana a Antonio Machado, Alfonso Hernández y a Jacques Prévert . Y es su poesía el continuo encontrarse con ese modo de vocación comunicante, de lugares comunes; lírica reflexiva, conceptual y cardíaca a la vez, personal y coloquial, frugal y urbana; poesía de espacio privado y público, circunstancial, complaciente y hasta banal en sus tanteos puristas con lo cual y casi sin proponérselo, llegó a ganarse hasta el respeto de los más cándidos. Fue versátil, hiperbólico, romántico, evocador, intuitivo, anecdótico, realista, trovador, literal y con una sospechosa tendencia a una estética demagógica y todoterrena.
Quizás el éxito editorial y popular de su poesía se deba más a la marcada actitud de complicidad, al intento por no ser solo la voz de alguien, sino el portavoz de alguien, sobre todo si ese alguien puede parecerse a cualquier don nadie. Siempre buscó una actitud de identidad con el lector anónimo, pero al desarrollar un personal registro expresivo para interesarlo se halló de pronto cautivando a una especie de lector mediático, social e intelectualmente dudoso, masa que a fin de cuentas se hace las mismas preguntas o trata de explicarse los mismos misterios, y esta acción de seducción y de efectiva felación artística hace muchas veces que el lector no pueda más que sentirse atraído por algo que lo ayuda a encontrarse, a entenderse, a calibrarse mejor; haciendo a la vez del autor, no solo alguien comprometido sino alguien que compromete, aún cuando a veces pueda arremeter sospechosamente. Lo cierto es que escribió mucho y en voz alta y, como afirma César Hildebrandt, si la poesía es golpe vitamínico, vigilia que no se permite tregua, refranero del corazón, entonces Benedetti es palabra mayor. Y citando a Luis García Montero, que si la poesía consiste además en abrir ventanas para que entre aire limpio y en escribir para que no te olviden al pie de la letra, entonces Benedetti es, como dicen muchos, una cumbre de la literatura en español.
Considero que la poesía no es tal cual solo por y en sí misma, sino aquella que va más allá de la experiencia existencial, del chapuceo epidérmico, de la mera ironía y del síndrome efectista y panfletario. Es lo queda después de abrirle las venas a la palabra, del escarceo, el desvelo, la revelación y el naufragio. Y si la poesía es además agonía vital, sabiduría imprevisible, la columna que se levanta sobre las cenizas y el ardiente rescoldo de nuestro trago insalubre, entonces Benedetti no es ruptura, vanguardia ni el non plus ultra de la poesía como quieren signarlo algunos de sus más entusiastas lectores, quienes a fuerza de masa insisten además por hacerlo un clásico. Personalmente degusto mejor al Benedetti de la prosa fértil, de la crítica aguda, de los cuentos citadinos, de aquellos memorables Montevideanos, de aquella narrativa comunicante abierta al intelecto y a la entraña, que palpa realidades inefables y nos da así un revelador acercamiento a la otredad. 
En estos tiempos postmodernos me es fácil percibir que su nombre perdurará más allá de su criticada militancia política de izquierda, de su desexilio natal de tendencia porteña, de lo copioso de su poética y de su leve reforma anímica, porque vivirá de seguro en la prosa no falluta de sus cuentos, ensayos y novelas; en esa poesía de complicidades propias que mejora más con la declamación y con el canto.

© Dylan Forrester

7.1.09

Poema



Confieso tener una extraña fobia para tomarme fotos ya que, honestamente, suelo ser poco fotogénico y esta es una de las razones por las que no acostumbro fácilmente a retratarme ni mancillar la estética visual de un arte que tiene que ver con el predominio de la imagen, mucho menos bajar mis fotos para su publicación masiva por la web. Perdonen el pudor.
Por este tiempo he conocido personas muy valiosas a través de este medio. Con algunos he logrado conversar regularmente por el messenger hasta el punto de llegar a cultivar una óptima amistad virtual, pero una relación así puede también ser vulnerable por elementos diversos como lo impalpable, lo cronológico y lo distante; entonces, para salvar las cosas y resucitar muertos, mis entusiastas amistades virtuales solicitan muchas veces conocer algo de mis rasgos físicos ya sea por cam, por alguna foto o en última instancia rogando que me describa con todas las palabras posibles, hecho tentador, por cierto y que corre el riesgo de derivar hacia otro espacio de lo irreal. No los culpo por ello. Comprendo la curiosidad y hasta el morbo que se engendra en nuestro atávico deseo de poder conocer a nuestro especial interlocutor con quien coincidimos gustosamente surtidos de química y empatía y que merodea fielmente del otro lado inasible de la pantalla. Esto ocurre también conmigo.
No suelo ser un buen biógrafo de mi mismo, pero alguien que escribe poesía, de alguna manera lo es. Pensando en esto y en una interesante conversación que tuve hace poco por el trajinado messenger y en lo imposible que será para mi fobia y mi medrosa verguenza el dar a conocer mi rostro así por así, se reveló de pronto en mí este poema autoreferencial que ahora comparto con ustedes, y un poco también en el intento de ir descubriendo algo más de mi humanidad por este espacio. Quizá parezca un poema breve, demasiado genérico y hasta retórico o resumido, poco específico y nada concluyente, pero hay una especie de clave en si mismo que podrá acercarlos más a mi alma que, al fin y al cabo, creo que es lo más esencial y trascendente en una persona y lo más noble de revelar, todo aquello que no se puede ver ni percibir con el simple y común sentido del tacto o de la óptica. Te lo dedico a ti que me intuyes. Muchas gracias por ser y estar aquí.


Autoretrato

Ser
ni blanco ni negro
ni alto ni bajo
o ser cuando soy
y no soy
ni gordo ni flaco
ni feo ni hermoso
es ser
sin ser siquiera
lo que mi cuerpo
y mi nombre esconden
detrás de sus primitivas vestiduras de polvo.

© Dylan Forrester
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