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17.5.10

Sobre la imaginación

La imaginación no solo se reduce al simple arte de pensar cosas, porque el hombre no solo piensa lo que cree, también cree lo que piensa. Y porque nada tiene que ver con la mera divagación, afirmamos que la imaginación tampoco es ilusión sino que es algo más que una imagen proyectada por el pensamiento y los esfuerzos de la gimnasia mental. Es siempre algo que me trasciende porque yo no solo soy lo que soy, soy también el otro. La imaginación nos revela además una conciencia de una ausencia, la nostalgia de aquello que todavía no es, una sed por las cosas que no son pero que anhelan ser, la certeza de que algo de la irrealidad debe y puede llenar el vacío de mi realidad y que, al constatar y suplir esta necesidad, la imaginación trasformada en objeto, pasa a ser otro elemento más de nuestra realidad concreta o abstracta, palpable o subjetiva. Así, el hombre es un ser dividido entre lo que es y lo que podría ser, básicamente porque la realidad objetiva no puede satisfacer las aspiraciones del corazón. La conciencia se descubre violentada, resistida, negada por la realidad. No puede reconciliarse con ella. Estamos aquí delante de aquello que nos diferencia de los animales pues el hombre es la única criatura que se niega a ser lo que es. Esto no es otra cosa que la esencia de la humanidad y la raíz de la creatividad y la inventiva que elevó al mundo del hombre por encima del mundo de los ajustes biológicos que caracteriza al mundo animal. Podemos entendemos que a través de la imaginación, el hombre trasciende de la facticidad bruta de la realidad inmediata y afirma que lo que no es debería ser, y lo que todavía no es, debería ser. Mannheim registra este concepto al afirmar que: "Dar nombre a las cosas que están ausentes es romper el hechizo de aquellas que están presentes"1.
Deducimos entonces que la imaginación surge de la insatisfacción del hombre ante la realidad existente y que esta especie de náusea existencial lo conduce a sus múltiples expresiones y a descubrir el objeto que le faltaba en la realidad. Porque el mundo del hombre como ser concreto no es el mundo objetivo de la abstracción científica, sino que es la matriz emocional lo que estructura el mundo en que vivimos, por ello la conciencia no es pura en sí misma. La mente con que imaginamos tampoco lo es, ya que no es una entidad independiente de la materia, como afirma la filosofía cartesiana. No es razón pura, libre y por encima de la interferencia y los compromisos de los componentes vitales y emocionales del sujeto, como creía Kant. La conciencia es una función del cuerpo. Existe para ayudar al cuerpo a resolver el problema de su sobrevivencia, y porque la sobrevivencia es siempre el valor último del hombre, aun cuando éste opte por el suicidio, la conciencia se estructura en torno a una matriz emocional.
La imaginación es además el origen de la creatividad humana. El hombre vive en función del éxito o del fracaso de sus deseos que constituyen su esencia. Empíricamente, o sea de la forma en como experimentamos realmente, los hechos son emocionales, trágicos, sosegados, placenteros, tediosos, perturbadores, etc., pero en ninguna situación la conciencia se conforma solamente con reproducir los hechos, por ello, no se puede negar que la conciencia humana sea motivada por la imaginación. El problema surge cuando intentamos interpretar la función de la imaginación, un querer articular pareceres que nos van a remitir a los ideales epistemológicos que han dominado a la ciencia moderna y a los ideales de la normalidad psíquica que de allí surgen, ideales que tienen que ver sobre todo con el estudio del conocimiento objetivo. Ningún estudiante de ciencia ignora que el conocimiento debe de ser objetivo y la objetividad no es otra cosa que una condición de la conciencia que se disciplina para simplemente reflejar y reproducir los hechos concretos de la realidad. Esto a la larga nos lleva a un conflicto que Freud y otros han tratado de explicar inútilmente, pues el ideal de la conciencia pura, totalmente objetiva es un mito.
Una dimensión fascinante de la ciencia moderna es el papel que la imaginación y la fantasía desempeñaron en muchos de sus grandes descubrimientos y obras. Sea cual sea nuestro diagnóstico, para el hombre lo que importa son los elementos insondables de sus pensamientos y fantasías. No son los hechos concretos los que determinan su manera última de ser, sino los hechos transfigurados por la emoción. El hombre es un soñador aun cuando está despierto. Nuestras fantasías pueblan nuestro pasado, determinan nuestro presente y crean nuestro futuro.
Por otro lado, es válido reconocer que la imaginación nos desnuda las intenciones más íntimas que habitan en los niveles más profundos de la personalidad. Observa Sartre: "El acto de imaginación es un arte mágico. Es un encantamiento destinado a producir el objeto que deseamos, de manera que podamos apropiarnos de él"2. Feuerbach había llegado, mucho antes, a una similar conclusión pero avanzó más al afirmar que "El poder del milagro en el hombre es el poder de la fe, y que esto es nada más ni menos que el poder de la imaginación"3.
Para concluir. De todos los niveles de imaginación que podemos percibir y afirmar, la fe religiosa es el grado más elevado de expresión de la imaginación, su non plus ultra, no solo por su nivel de pensamiento y espiritualidad que supera lo racional, sino porque la imaginación es la forma más inteligente de operación de la conciencia humana y si hablamos de fe, necesariamente tenemos que hablar de imaginación. Es inconcebible hablar de fe y no hablar de una capacidad de imaginar y de potenciar cosas, de sabernos no solo parte de la omnipotencia del pensamiento sino de un pensamiento que potencia una búsqueda y de una búsqueda que termina en fe, por eso la fe es el grito de la prioridad axiológica del corazón sobre los hechos primarios de la realidad, lo que bíblicamente se conoce como "la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve" (Hebreos 11:1). Además la fe religiosa es implícita a la razón, tiene que ver con la razón de la razón y de nuestra sin razón, como algo que tiende a escapar de nosotros mismos.
Bien sabemos que los animales no tienen imaginación, por eso no producen arte, conceptos o valores, tampoco producen fe. Y la auténtica fe religiosa, el cristianismo que tiene que ver necesariamente con esta capacidad de creer y de imaginar como una búsqueda vital de la conciencia, acierta y anula cualquier otra falacia cuando nos descubre y resume entre el hombre que decide creer, ergo, imaginar y humanizarse con Dios y aquél otro que decide no creer ni imaginar y animalizarse sin Dios.


1. Mannheim, Karl: Ideología y Utopía (Río de Janeiro, Editora Globo, 1994, pág.191)
2. Sartre, Jean Paul: The Psychology of Imagination (N.York. Washingto9 Square Press, 1988, pág.159)
3. Fenerbach, Ludwing: La Esencia del Cristianismo (N. York Harper & Row, 1987, pág.130,131)

© Jorge Ampuero

21 comentarios:

Luxin dijo...

Valla que bonito, me gusta cada palabra que usa, y los conceptos que lo conforman, wao!
tiene mucha razón:

Así, el hombre es un ser dividido entre lo que es y lo que podría ser, básicamente porque la realidad objetiva no puede satisfacer las aspiraciones del corazón.

Nuestras fantasías pueblan nuestro pasado, determinan nuestro presente y crean nuestro futuro.


Mucha razón...

Gracias
Saludos :)

La Bella Danny dijo...

Vaya Cris, si q has logrado romperme el cerebro con este post, no creas q no entendí eh jajajaja

kisses

La Bella Danny dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Clea Pinheiro dijo...

Com a imaginação podemos projetar tudo que quisermos. É uma excelente ferramenta para os artistas!
ótima reflexão, Jorge.
Felicidades.

Horacio dijo...

Muy bueno, hay que defender la imaginación como una trinchera contra lo real, lo que a veces nos agobia. Y a veces también de la imaginación, para que nuestro mundo no quede sólo en el ámbito de la fantasía.

Me gustó eso de:

"Deducimos entonces que la imaginación surge de la insatisfacción del hombre ante la realidad existente y que esta especie de náusea existencial lo conduce a sus múltiples expresiones y a descubrir el objeto que le faltaba en la realidad."

Saludos desde Neuquén, Argentina

Viandante dijo...

Me encanató, mucho tiempo sin leerte, un gusto haber vuelto a pasar.
Tu prosa es elegante, armoniosa y tienes un arte especial para enlazar lo ya dicho y tu reflexión personal.
No hay manera de aburrirse, excelente texto.
Saludos

Sue dijo...

Yo no llego a tales grados de imaginación, la verdad (me refiero a la fe religiosa), debo tener la justita para pasar el día y no deprimirme demasiado.
Sin embargo creo que un hombre sin imaginación es un hombre gris.

Interesante post.

zayi dijo...

Muy bueno...aunque soy tb de las que piensa que sin la imaginación no somos nada, a veces tenemos que medir hasta que punto somos capaces de perder el horizonte...y si vale la pena...
Un beso.

Aldo dijo...
Este blog ha sido eliminado por un administrador de blog.
Aldo dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Aldo dijo...

Me quedo con el final,Jorge:
"Bien sabemos que los animales no tienen imaginación, por eso no producen arte, conceptos o valores, tampoco producen fe. Y la auténtica fe religiosa, el cristianismo que tiene que ver necesariamente con esta capacidad creer y de imaginación como una búsqueda vital de la conciencia, acierta y anula cualquier otra falacia cuando nos descubre y resume entre el hombre que decide creer, ergo, imaginar y humanizarse con Dios y aquél otro que decide no creer, no imaginar y animalizarse sin Dios".

Saludos

Agnósitco dijo...

Se ve bien adónde apunta tu ensayo pero sabes, te creo todo si primero me demuestras que hay Dios, ok

Victoria dijo...

Sin duda estan con nosotros, buscando justicia, mirandonos de cerca y de lejos.
Estan, siempre estaran.


Saludos.

DEBAJO DE LA LENGUA dijo...

Los instintos cumplen un papel muy importante en el ejercicio de la creatividad, esa gimnasia mental no solo es una rutina de movimientos aprendidos. Los artistas pertenecen a otra animalidad que corre siempre sobre el filo perfecto de la más estresante existencia. Es una obsesión por llenar espacios con eso que creemos que es importante que exista.
Ese animal distinto cruza umbrales y materializa ideas eso lo hace a veces divinamente peligroso .
Saludos

Rafa dijo...

Todo pensamiento es abstracto en sí, pero es evidente q cuando imaginamos por lo menos tenemos q creer en la imagen q proyectamos y hasta anhelamos q se trasnforme en una realidad para nosotros. Por lo demás concuerdo contigo al afirmar que la imaginación tarde o temprano nos conduce a la fe.

SILVIA dijo...

La imaginación es nuestro bien más preciado. Besazos!!!

Agnóstico dijo...

Veo con mucha gracia q no puedes aceptar el desafío Ampuero, pero no te preocupes ya q demostrar la existencia de tu "Dios" es algo q ni tú ni nadie puede hacer así q tu mutismo es comprensible y hasta digno de compasión.
A Dios gracias soy agnóstico :)

Magita dijo...

Todas las cosas que son antes de ser son imágenes intangibles. Lo agradable es que "la imaginación jamás perdona"*
No sé como llegué hasta acá. Pero aterricé bien, para alzar vuelo.(continuaré leyendo)

Natalia Perz o Maldita Poeta dijo...

la imaginación al poder!

Fer dijo...

Todo empieza con la imaginación y todo acaba sin ella

Aldo dijo...

Interesante ensayo, la verdad q nunca imagine q aun la idea de Dios y la fe podían estar relacionados con nuestra capacidad de imaginación.
Me has dejado cxavilando a lo Vallejo,jajajaja

Saludos.

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